martes, 30 de abril de 2013

Otra vez.

De repente ya no había más espacio. El calor se acrecentaba y el sudor comenzaba a recorrer los cuerpos. Una pierna quedó pegada a la mía, no había lugar, es cierto, pero no se movió un cm. Sentía los músculos cuando se endurecían, yo tampoco podía correrme. De pronto, se despegó a mi derecha, quedó pegado a mi espalda y ya no había misterios. La imaginación fue desbordada por la realidad, me estaban apoyando sin pudor alguno dos piernas musculosas, detrás de las mías, pegadas a ellas y en medio, a la altura adecuada, todo su miembro, ocupaba mi trasero, La tela del pantalón, parecía no existir. Lo sentía en pleno esplendor  excitado y excitante, como un apoyo soñado. Firme y gruesa empujaba sin disimulo alguno, parecía desgarrar la tela como queriendo entrar a ese lugar que permanecía firme, sin miras de alejarse, sin ganas de hacerlo. El calor aumentaba, ya el sudor mojaba todo el cuerpo y el cerebro no tenía ni tiempo ni ganas para otra cosa que no fuera imaginar el final de aquel momento. Increíble, el calor era acogedor y lubricante, el golpeteo en las sienes ensordecedor y la raya se abría sola a cada acometida. La incomodidad del viaje se volvió placer, lujuria, deseo. Que se apague la luz, que se detenga en medio del camino, que el viaje dure para que el placer no acabe, ese era mi único pensamiento. El cerebro bombeaba sexo y ya nada importaba. 

La mano izquierda se fue deslizando lentamente hacia atrás, forcejeó entre el poco espacio de las piernas pegadas y al final pudo, con gozo y temblor, agarrar al culpable de tal desatino, el partido debía continuar. Él se retiró un poco y amplió levemente el espacio. El cierre no opuso resistencia alguna y su miembro mojado y tembloroso se envolvió en su mano. Se notaba que estaba a punto, la explosión final estaba en la puerta de esa cabeza mojada y ya no tenía manera de retroceder. La mano envolvía y acariciaba el miembro, solo esperaba sentir sus dedos untados con aquella leche pegajosa. Una sacudida de repente pareció ser la señal y aquella leche esperada pintó manos y dedos. El pantalón mojado y la leche bajando por las piernas de su dueño. Seguí dos segundos más y escondí la mano como pude, pero no quise impedir que mis dedos fueran a mi boca y mi lengua limpiara con ardor esa leche que se fue depositando en mi garganta. Ya estaba llegando a mi destino, aun lleno, como mi boca. Una rápida vuelta me hizo quedar frente a frente con el culpable de tanta locura, un rápido beso de lengua marcó el principio de algo que exigía continuar. Bajamos juntos felices y sin sentirnos culpables de lo ocurrido

lunes, 29 de abril de 2013

Casi un sueño.

Eran las doce de la noche, salí de la ducha y mientras me secaba el cuerpo, escuché un ruido en el salón  Como hacia muchísimo calor salí del baño sin ropa, estaba totalmente desnudo, me asomé al salón pero allí no había nadie. Termine de secarme y me fui a la habitación para acostarme. Desde el pasillo vi que de la puerta del dormitorio salía una tenue luz rojiza, extrañado me acerque y al abrir la puerta me sorprendí muchísimo. La habitación estaba totalmente transformada, parecía salida de las mil y unas noches. Cuatro velas rojas, colocadas una en cada esquina eran las que proporcionaban aquella luz suave y embaucadora, había unas baritas de incienso aromático que desprendían un olor muy agradable. La cama cubierta por unas sabanas negras de seda, que jamás había visto. Encima de ella había como un centenar de pétalos de rosas y una tarjeta con algo escrito. Me acerqué hacia la cama, cogí la tarjeta la leí, solo tenía escrito una frase "Date la vuelta". Una extraña sensación me recorrió todo el cuerpo, me giré y allí estabas tú. Llevaba puesto un conjunto de lencería impresionante, con sus medias y ligero.
Era un conjunto de color blanco y de un encaje que dejaba ver  lo que había debajo. Llevaba unos zapatos de tacón de aguja. Su piel tenía un color dorado. Me quedé sin palabras, era impresionante, jamás me había ocurrido algo así. Se acerco a mí y de un empujón me tiró sobre la cama, luego puso música y empezó a desnudarse, el corazón me latía a diez mil revoluciones por minuto. Sus manos recorrían mi pecho, con una voz muy suave me dijo "Hoy mando yo" me hizo el amor una y otra vez con una fuerza elevada, pero con mucha dulzura. Empecé a gemir, ¡cuanto placer! ella también gemía de placer. Tuvimos al menos tres orgasmos, estábamos súper excitados, como nunca lo habíamos estado. Ella me empujaba cada vez mas hasta que empezamos a estallar en un orgasmo mutuo que nos hizo estremecer. Aquella noche fue una noche muy especial para mí, jamás la olvidare...

domingo, 28 de abril de 2013

Fantasía lésbica en la playa.

Tendida sobre la arena de la playa, el deseo, al ver el cuerpo de aquella mujer a pocos metros de mi. Ella iba acompañada de otra mujer, jugueteaban desnudas a la orilla del mar, se tocaban los pechos y se echaban agua como si estuvieran solas.

La más guapa de las dos se fue hacia su toalla, tenía unos pechos grandes y firmes que se balanceaban suavemente cuando caminaba. Se estiró en la toalla, estaba mojada, el agua descendía de sus cabellos.

Se estiro boca arriba con las piernas abiertas y no pude evitar mirarla, tenía una vulva sonrosada, apenas cubierta por una línea de vello rubio. No le podía apartar la mirada, me daban ganas de acercarme a ella, abrir sus piernas y hundir mi boca en aquella vulva tan apetitosa que imaginaba húmeda y salada a la vez.

De pronto comenzó a llover, una lluvia fina que incitó a muchos a marcharse, pero ella se quedó, sola, sin su amiga. Yo no paraba de pensar en ese cuerpo y veía en su presencia que ella quería lo mismo que yo.

Me armé de valor y me acerqué a ella. Empecé a hablar con ella pero mis ojos me traicionaban fijándose en sus pechos sin apenas disimulo. Para mi sorpresa, ella al darse cuenta cogió mis manos y las acercó a sus pechos. Su tacto era delicioso y no dudé y acerque mi boca a uno de sus pezones y empecé a lamerlo mientras mi otra mano pellizcaba el otro pezón. Ella empezó a gemir, fui bajando por su cuerpo y le abrí las piernas suavemente. Tenía una vulva perfecta, sonrosada con los pequeños labios dibujados y el clítoris pequeño y suave.

Empecé a chuparla, mi lengua dibujaba cada pliegue, lo succionaba, lo lamía en círculos, suavemente sin parar hasta que empezó a correrse, seguí chupándola mientras su vulva se retorcía entre mis labios hasta volver de nuevo a tener otro orgasmo. Yo no podía apartar mi boca de allí.

Los pocos bañistas que quedaban en la playa no daban crédito a lo que acababan de ver, pero a mí solo me importaba el placer que le estaba dando a aquella mujer desconocida. Cuando acabe, ella, me besó en la boca y me dijo que nunca había tenido sexo con otra mujer y que había disfrutado mucho. Yo le confesé que era mi primera vez también, nos dimos los teléfonos y nos prometimos llamarnos cuando nos apeteciera una buena sesión de sexo.

Ayer recibí un mensaje suyo que me decía "Esta vez te tocará a ti"....

sábado, 27 de abril de 2013

El masaje.

Era el cumpleaños de Sandra, mi mujer. Quede con una amiga suya, Carmen, que era masajista, para darle una sorpresa. La idea era vendarle los ojos y darle un masaje a cuatro manos, hecho por Carmen y por mí, y que luego, Carmen marchara y nos dejara solos para acabar bien la noche.

Cuando Sandra llegó a casa, Carmen esperaba en una habitación. Yo le tenía la bañera preparada y la invite a relajarse, mientras le servía una copa de vino. La habitacion estaba ambientada con muchas velas y una música relajante de fondo. A los quince minutos le dije que saliera del baño, la cubrí con la toalla y le fui secando todo el cuerpo con mucha delicadeza, después cogí una venda negra y se la puse en los ojos. Ella no se imaginaba la sorpresa que le esperaba. Le dije que se tumbara boca abajo en la cama. Fue entonces cuando llamé a Carmen, que esperaba pacientemente su momento. Cogió el aceite y se lo roció por la espalda, comenzó a darle el masaje. Al poco rato entré yo a participar del mismo, Sandra no dejaba de preguntar quién era la otra persona. Yo le dije al oído que disfrutara aquel momento. Carmen parecía no ver el momento de marchar, y yo no sería el que le dijera que marchara, pues aquella situación me estaba dando mucho morbo, cada vez hacía más calor en la habitación. Cada vez estaba más excitadísimo. Carmen llevaba una camisa blanca con un generoso escote que le dejaba entrever un buen par de pechos.

Yo cada vez estaba más cachondo, así que cogí las manos de Carmen y las acompañé hacia el trasero de Sandra para que continuara el masaje por esa zona, mientras, ella me miraba con una sonrisa pícara, cada vez estaba más implicada en el masaje... Sandra se iba moviendo, fruto de la excitación que le producía aquel masaje. Mientras, y viendo que Carmen parecía estar muy excitada también, me puse detrás de ella, y con mis manos le agarraba los pechos... No dijo nada, continuó masajeando el trasero de Sandra mientras yo le quitaba la camisa. No me podía creer aquella situación.

Entonces le dije a Sandra que se diera la vuelta. Le rocié aceite en los pechos, cogí las manos de Carmen y las acompañe hasta sus pechos. Sandra gemía de placer. Carmen fue bajando poco a poco, hasta que se quedó tumbada en la cama al lado se Sandra. Mi pene estaba a punto de estallar. En aquel momento Carmen comenzó a pasarle la lengua por el clítoris a mi mujer, Sandra al principio no quería, pero poco a poco fue sucumbiendo, y acabó entregada a Carmen, hasta el punto de llegar a fundirse en un 69 que no olvidaré jamás....Sandra nunca había estado con una mujer, nunca le habían gustado... simplemente la situación las llevó a ello...

Yo comencé a masturbarme viendo la escena, Carmen entonces comenzó a comerme el pene mientras Sandra seguía acariciando a Carmen. Era súper excitante...

No tardé mucho en correrme en la cara de Carmen... dejándole todo mi semen en su boca... Después, Carmen y Sandra siguieron tocándose hasta llegar al orgasmo....

viernes, 26 de abril de 2013

Ella.

El sol, la lluvia, el cielo, las hojas estrepitosas, el viento, ojos que brillan y su boca. Todo un conjunto de luminosidad, un manojo de vida blanda como el agua.

Circula por las venas, como un torrente de abejas, se esconde, nace, se ríe. Baja como esquirlas heladas, por las arterias de madera. Esa vida, esa tenue vida.

Y de pronto el nubarrón, la luz artificial de la calle, la llovizna, el roce. El chapotear de los tacones en las baldosas. La esquina estaba libre, el encuentro seria fulminante.

Del otro lado de la calle la penumbra, el latir de un corazón galopado, rechinante.

Inconfundiblemente se encontraron, el calor en su cara aliviaba el viento helado y la gabardina solo era una ilusión de abrigo.

Se escondieron juntos como niños, se rescataron, se mimaron, se lamieron, se rieron, y continuaron el paseo. Se amaron incansablemente entre las calles oscuras. Solo la brisa de la noche y las finas gotas fueron testigos del consumado hecho.

Ellas tan finas, recorrieron sus cuerpos fatigados, ellos tan poseídos saciaban su sed. Mientras las luces seguían escondiéndose en la bruma otoñal, ellos, se persiguieron. Corrieron de la mano, se perdieron.

Se extraviaron entre uno y otro, se asfixiaron, y volvieron a nacer entre sabanas blancas como campos de jazmines.

Mientras acariciaba sus piernas torneadas, ella, besaba su cuello y su cabellera rojiza rozaba sus hombros, el alborotadamente pegaba su cintura a la de ella y deslizaba sus manos desde el muslo hacia la cintura, luego los senos, ella enloqueció de amor y subió encima de el, y en un sin fin de caricias, roces y húmedos besos se fue la noche.

El sol les dio en la cara, ellos, alterados, se miraron, ella cogió las medias del suelo alteradamente, se colocó el sujetador, se puso la falda y la camisa. En tanto él, la miraba tendido en la cama blanca, revoltosa, inmune a la soledad. Se miraron, se sonrieron, se abrazaron y el la beso profundamente. Dejo la habitación, en su camino, la estela de su perfume se mezcló con la cotidianida..

jueves, 25 de abril de 2013

Sexo en el cine de verano.

Todo sucedió una calurosa noche de verano, era un recinto al aire libre, vallado por los cuatro costados y con una pantalla gigante al fondo. Había sillas en todo el local y un pequeño espacio detrás de la última fila de asientos.

Cuando entre, la película que ponían aquella noche ya había comenzado, los asientos ya estaban todos ocupados y tuve que ponerme de pie, detrás de las últimas filas.

La noche era muy calurosa, pero allí soplaba una ligera brisa que hacia la noche más agradable.

Al cabo de un rato vi entrar una pareja, como no había asientos libres decidieron quedarse a mi lado, no presté demasiada atención, pero al poco rato vi como se iban acercando a mí, en aquel momento me empecé a fijar en aquella mujer, la pantalla permitía ver casi perfectamente su silueta, era una mujer de unos 40 o 45 años con un trasero y unos pechos de infarto, vestía con una camiseta de tirantes que dejaban ver aquellos maravillosos pechos, y una minifalda  súper pequeña,

A partir de ese momento dejé de prestarle atención a la película para prestársela a esa chica, solo pensar el poder acariciar aquel culo me puse muy caliente, y mi pene se empezó a poner muy duro, decidí acercar mi mano a su trasero y lo rocé de manera muy suave. Permanecí así un rato comprobando que la mujer no hacía ningún gesto para apartarme la mano, lo que me acabo provocando una tremenda erección por lo que intensifique la presión de mi mano sobre su trasero. Mi sorpresa fue que no rechazo mi gesto sino que noté que cada vez estaba mas pegada a mí, así mi mano podía recorrer todo su trasero, a ella le gustaban mis caricias, pasaba mi mano de un lado a otro y le introducía mis dedos. Ella no solo no decía nada sino que cada vez estaba más cerca de mí. Me coloque detrás de ella y empecé a rozar mi pene contra su culo. La mujer también estaba a 100 y disfrutaba con mis caricias, cada vez se acercaba mas a mi pene erecto, lo que aproveché para meter mi mano por debajo de aquella minifalda tan corta y cogerle todo el culo con mis manos. Ella ni respiraba, su diminuto tanga hacia que sus nalgas estuvieran desnudas a mi merced. Mi pene estaba a punto de estallar.

El acompañante de la chica parecía no enterarse de nada, estaba muy entusiasmado con la película, así que me atreví a sacar mi pene fuera del pantalón y metérselo en aquel enorme trasero, mientras con mi mano le acariciaba dulcemente aquellos enorme pechos, mientras mi pene estaba aprisionado entre aquellos glúteos, no tarde en correrme dentro de aquel culo tan maravilloso, me separé un poco y ella me cogió el pene acariciándomelo, supongo que en señal de agradecimiento.

Su acompañante seguiía ajeno a todo, o quizás no quería enterarse de lo que estaba pasando, nunca lo sabremos...

Pero mi velada de cine, fue "DE CINE"

martes, 23 de abril de 2013

El profe de Gimnasia.

La llegada de  Javier nos impacto a todas, él era nuestro profesor sustituto de gimnasia. Menudo hombre, era guapísimo con un cuerpo de escándalo, no hacía más que recibir halagos por parte de las demás chicas, en aquel tiempo más de una se le había insinuado.. Nunca decía nada, algunos de nuestros compañeros decían que seguro que era gay porque era imposible que un hombre al que le gustaran las mujeres, hubiera ignorado a aquellas chicas tan guapas que se le habían insinuado. Yo me considero una chica que estoy bastante bien físicamente, soy muy alta, rubia ojos verdes y un cuerpo bien estilizado... Siempre me mantuve distante, nunca le hice ningún comentario ni nada, y eso que me gustaba a morir..

Un día al finalizar la clase de gimnasia le busque la mirada y se quedo desconcertado, seguidamente me fui a las duchas, al abrir el grifo tuve problemas, estaba roto y salió toda el agua disparada contra mí. Me quede toda mojadita, el pelo, la ropa.... corrí fuera para avisar, pero no quedaba nadie ¿Donde estaba todo el mundo?. Volví dentro y cuando entre escuché a alguien, ¡era él! Apoyado en la puerta mirándome de arriba abajo, totalmente mojada, con mis pezones en punta... Me quede muerta cuando le vi, las únicas palabras que dijo fueron: que guapa estás Blanca. ¡Dios! me dio un escalofrío por todo el cuerpo. Se acercó cogió una toalla y me la puso por encima, me abrazó ¡estas congelada! No daba crédito a lo que me estaba pasando, jamás pensé que lo tendría tan cerca. Lo miré y sin pensármelo dos veces lo besé, nos besamos apasionadamente, dejé caer la toalla y me quite la camiseta, puso su mano sobre mi pecho y la apretó, yo puse mis manos sobre su sexo y lo acaricie, estaba totalmente duro, le baje el pantalón  le saque el pene y comencé a masturbarlo, me agaché y me lo puse en la boca, era grande y gordo, se la chupé durante un ratito...me levante y nos volvimos a besar, luego me cogió y me llevo a la ducha, me quito el pantalón y el tanga y abrió la ducha, nos empezó a caer el agua mientras nos acariciábamos, me introdujo sus dedos, dios que gusto... Se agacho y empezó a lamerme el clítoris mientras seguía con sus dedos introducidos en el, muy delicadamente, que placer... no pude aguantar mucho y acabe teniendo un orgasmo. se incorporo, me beso y siguió tocándome los pechos. Me colocó de espaldas contra la pared y me penetró, poco a poco y muy lentamente, estaba consiguiendo que empezara a tener mi segundo orgasmo, comenzó a empujar cada vez mas fuerte...gemíamos de placer, hasta que acabamos corriéndonos al mismo tiempo... siguió besándome el cuello mientras yo le acariciaba su pene, me cogió me levantó y me volvió a penetrar de nuevo, me cogió por la cintura y me movía con gran agilidad  arriba y abajo.. Cada vez más fuerte. Me apoyo contra la pared y seguía, no podíamos dejar de gemir, me arrodille y me puse su miembro en mi boca, empecé a lamerle todos los jugos que lo cubrían.. No tardó en correrse de nuevo. Nos besamos durante un largo rato y terminamos de darnos la ducha.

A partir de ese momento cuento los minutos que faltan para la siguiente clase de gimnasia....


lunes, 22 de abril de 2013

El aniversario

Santi como casi todos los hombres tenía fantasías sexuales, tenía varias pero su favorita era compartir a su mujer con otro hombre, infinidad de veces cuando hacía sexo con ella imaginaba que había otro chico con ellos. Él nunca se había atrevido a proponerle nada a ella.

Ese año celebraban su tercer aniversario de bodas y Sandra decidió sorprender a su marido y regalarle algo especial...

A media tarde Santi recibió un wasap que decía (espérame en esta dirección a las 10), estuvo muy nervioso el resto del día, intrigado, no entendía nada. Cuando llegó la hora se dirigió al lugar indicado, era una especie de hotel, en la entrada había una recepcionista detrás de un mostrador, las paredes de la entrada estaban forradas de una especie de moqueta de color rojo, y se notaba un olor a coco muy agradable. Se acerco a la chica dio su nombre y ella con una sonrisa picara le entregó una llave en la que había inscrito el numero 12... En el primer piso a la derecha, le indico muy amablemente la chica, con la llave en la mano y completamente perdido se dirigió hacia allí. 

La habitación tenía un pequeño recibidor, a la izquierda había una puerta que estaba cerrada con llave, encima de la mesa del recibidor una nota que decía... (cariño, desnúdate y túmbate en la cama). Mientras se desnudaba le pasaron cientos de pensamientos por la cabeza, le daba morbo aquella situación.

Las paredes estaban forradas de espejos, la habitación se iluminaba por unas velitas rojas y blancas, era una iluminación más bien pobre, se tumbó boca arriba en la cama y esperó...

Al cabo de unos minutos vio la silueta de su mujer en la puerta de entrada, caminaba muy despacio hacia él, la única ropa que llevaba puesta era un minúsculo tanga, llegó a los pies de la cama y apoyando las rodillas gateó hasta llegar a su cara, le puso un dedo en los labios haciéndole callar... Gateó hacia atrás y al llegar a la altura de su pene, se lo introdujo en su boca, lo repitió varias veces cada vez más rápido, apretó los labios y aflojó la marcha, e aquel momento vi una sombra aparecer por el mismo sitio donde minutos antes había aparecido Sandra, aquella sombra cada vez se iba acercando mas y mas... al llegar a donde estaban ellos a Santi le explotaron los sentidos, sentía el placer del miedo... aquel tipo se apoyó sobre su mujer y le miró. Era un hombre de raza negra muy corpulento, ella empujó hacia atrás y el tipo aquel comenzó a frotarla, después bajo sus manos y le cogió los pechos, ella emitió un gemido que a Santi le hizo tener su primer orgasmo. El chico negro se subió de pie en la cama y esperó.. Sandra se incorporó y se quedó mirando los ojos de Santi, después ella se giró hacia el chico y metió la cabeza entre sus piernas. Santi se quedó mudo sin poder quitar la vista del miembro de ese tipo mientras su mujer se lo empezó a chupar y a masturbarle. 

Santi no podía dejar de mira en el reflejo del espejo como el negro levantaba a Sandra y la colocaba a cuatro patas, se ponía detrás de ella, se arrodilló, le aparto el tanga y le introduzco todo aquel pene... Ella comenzó a gemir y el negro comenzó a moverse... ella no paraba de gemir mientras el negro vaciaba sobre su espalda el resto de flujos que le quedaban, esa escena duró varios minutos hasta que el tipo paró y desapareció de la escena,  se quedaron los dos solos durante horas, sin moverse ni hablarse.

Volvieron a la rutina diaria y jamás sacaron el tema, como si no hubiera ocurrido, pero cuando hacían el amor, Santi ya no le comentaba ninguna fantasía , revivía los momento de ese día y se hundía en el placer de los gemidos que ella daba, recordando aquel aniversario...

domingo, 21 de abril de 2013

Viaje nocturno.

Estábamos recién casados, salíamos de un concierto, íbamos para casa y cuando fuimos a coger el autobús, éste estaba lleno.

Mi marido y yo subimos al autobús y buscamos un asiento donde los dos pudiéramos viajar juntos, pero fue imposible. No había alternativa y me tuve que sentar en un asiento donde un extraño seria mi compañero de viaje. Mi marido se fue a sentar casi al final de los asientos traseros del autobús. Esperamos media hora y el autobús salimos rumbo a nuestro destino.

El tipo que viajaba a mi lado parecía estar ebrio, olía a licor. Me acomode en mi asiento y trate de dormir. El conductor del autobús apago la luz del interior, todo el mundo en silencio, quizás por el cansancio del concierto. Me quede dormida y de repente sentí que alguien me acariciaba la mano. Soy muy tímida y no quise montar el numero, el que me acariciaba la mano era mi compañero de viaje, al principio me asuste, pretendí no hacer caso, pensar que había sido por error, quizás ya no me molestara mas, pero me equivoque y parece que no fue suficiente y esta vez cogió mi mano y se la puso encima de la cremallera de su pantalón.. pensé en gritar, pero me dio miedo su reacción y le deje que siguiera haciendo. Poco a poco sentí como se le iba hinchando su pene y me detuve, pero él me cogió la mano con más fuerza y seguía acariciándose su pene con mi mano. Abrió la cremallera de su pantalón y con su abrigo tapaba mi mano, sacó su pene y me lo puso en mi mano, lo tenía muy duro, al principio me negué, pero me apretaba la mano con insistencia, y al final accedí. Él mismo se masturbaba ayudado con mi mano, el hombre tenia un pene muy grande y al final me comencé a emocionar. Me empezó a gustar ver cómo le hacía sentir placer "sigue, sigue, no pares" me decía él con una vez muy suave. Cerré los ojos y comencé a soñar cómo sería sentir ese pene dentro de mí, y las hormonas se me despertaron. Saque un pañuelo del bolso y disimuladamente  le tape el pene para que cuando se corriera no desparramara su leche por toda su ropa, no tardo mucho en producirse dicha acción, aun no me había dado tiempo a cubrir su miembro con el pañuelo y me lleno de leche la mano. Después metió su mano por debajo de mi falda y empezó a masturbarme hasta  lograr que viera las estrellas , por un momento, fue increíble..

Mire a mi alrededor y vi que el resto de pasajeros seguían ajenos a lo que había sucedido en nuestro asiento. Después de esto volvimos a conciliar el sueño y dormimos hasta llegar a nuestro destino. Al finalizar el trayecto me levante del asiento y ni siquiera le dije adiós a ese hombre con el cual había vivido una aventura que nunca imaginé poder vivir.... 


viernes, 19 de abril de 2013

La octava maravilla.

Te recuerdo con las manos semiatadas, las yemas de mis dedos recorriendo tu cuerpo, agitándote con cada roce entre agudos gemidos. Mirando tus ojos sentí la calidez de tu piel lechosa bajo la prenda ligera que cubría tus pechos. Me enamoré de ti al primer instante, de tu belleza y tu fragilidad. El instinto me llevó a intentar retenerte y ahora comprendo que fue mi mayor error...

El destino vertiginoso ha provocado que volvamos a encontrarnos en este lejano paraje. Añoro mi hogar y el breve tiempo que allí pasamos juntos, pero tu llamada ha hecho renacer el amor que siempre sentiré por ti, al tiempo que rebrota el animal que en mi interior intenta protegerte. Deja que contemple por última vez tus rubios cabellos ondularse al viento, asi, rodeando tu cintura con mis recias manos..

Moriré sabiendo que entre lágrimas, siempre recordaras que yo, te amé tal como llegaste a mí, aunque nuestra unión sea imposible...

jueves, 18 de abril de 2013

Un cierto sentido.

¡Por fin! Piensa Carlos al tiempo que se tumba extenuado en la cama matrimonial. Durísima jornada laboral la de Carlos. Y extensa: 15 horas en la oficina y todo el tiempo con esa inquietante sensación de desespero, con la frustante amargura de presentir que todo se va al carajo ¡tanto esfuerzo tirado por la ventana! Todo por culpa de la crisis, la puta crisis.

Su mujer le da la espalda, está desnuda. Carlos  se acomoda en el cuerpo de ella buscando la ergonomía de los miembros, se acurruca en la calidez del contacto y respira hondo. Por arte de magia los pulmones se le ensanchan y las cervicales se distienden. Su pene, independiente de cualquier acto voluntario, se posiciona entre las nalgas de ella brujuleándose sin motor y aparcándose comodamente en el mullido espacio entre ambas. Qué gracia divina disponer de ese acogedor parking nocturno donde los problemas decrecen y las bonanzas se inflaman, donde lo estéril fermenta en fecundo y donde los sinsabores de la vida adquieren un cierto sentido...

miércoles, 17 de abril de 2013

El imperio de los sentidos.

Quémame suavemente con tus ojos, deslízalos como tú sabes por cada rincón de mi cuerpo mientras desnudas mi deseo más profundo, que tu respiración me queme los labios mientras buscan el color de tu piel tras la penumbra de este fuego que nos invade, regálame los oídos mientras tus palabras se sumergen bajo mis tirantes haciendo viajar la excitación mas allá de otros mundos, vísteme con tus manos mientras me diseñas el traje que nos envolverá antes de que lo hagan esas sabanas de nuestro lecho, lugar donde no hay misterio, ni preguntas, tan solo respuestas y onomatopeyas, ragálame esa mezcla de juego y fuego chispeante, regálame ese volcán bajo tu piel y llévame con él a ese sueño irrecuperable donde puedan hablar nuestros sentidos en silencio, donde griten aquellos gemidos ahogados por momentos de silencio, elévame porque mi piel ya no desea tocar el lecho, sino esa otra dimensión de espacio tiempo donde tan solo cabe esa mezcla de dos cuerpos fusionados entre sudor, color y aroma. Todo vuelve, todo pasa, vuelve la calma, el deseo duerme ya bajo el secreto de nuestra memoria, nuevamente despertamos sobre el lecho, el nuevo día nos recuerda nuestra despedida.

lunes, 15 de abril de 2013

En memoria de Inés.

He intentado olvidarla, doctor. No recuerdo ya su nombre completo, ni el color de su utilitario, ni la dirección de su casa, ni siquiera la fecha de su cumpleaños pero hay algo de ella que me persigue hasta en sueños: el reflejo de su silueta deliciosamente desnuda en la cristalera de mi dormitorio. Su cuerpo arqueado y sumiso esperando a recibir el mío por detrás para abocarnos juntos hacia un perfecto orgasmo. La necesidad animal de agarrarle el culo con fuerza como si tuviera miedo a que se me escapara entre las manos... recorrer sus pechos con mis dedos helados sintiendo en sus pezones la dureza de la excitación compartida... navegando en la humedad de su deseo... disfrutando del sexo juntos como dos dementes sin pensar en un mañana... sin hacernos preguntas...

¡No puede ser normal...! ¡Creo que estoy enloqueciendo! Hay noches en las que me despierto, acompañado por supuesto y como siempre de Ana, y veo su imagen junto a la puerta pidiéndome con la mirada que no la mate del todo. No sé si aprender a vivir con el fantasma o buscar algo realmente poderoso que la volatice de mi alma definitivamente... aunque reconozca ahora que sigo echándola de menos.

domingo, 14 de abril de 2013

Como un flash.

Las imágenes, los sucesos, transcurrieron como si de un flash Metz se tratase, Así es como lo recuerdo: Sus ojos clavados en mi trasero. Mi vista viajando a su abultada entrepierna. Chispas en el espeso aire, vicioso, atando nuestros cuerpos. Trémula su mano posada con tiento en la piel de mi muslo, subiendo despacio y arrastrando la tela incauta. Dedos calientes, gruesos, siniestramente lentos llegando hasta mi centro. Su boca voraz se arroja y precipita en caída libre hasta impactar contra mi pecho. Muerde el borde de mi escote. Lo arranca de un solo tirón. El pecho derecho sale despedido del vestido. Un pezón turgente y rosado es atrapado por sus sabios labios. Dientes torturándolo. Separa mis piernas con la rodilla. Violento. Suspiro. Jadea. Jadeo. Tacto perfecto dentro de mi sexo, notando las yemas de sus dedos palpar con acierto el punto correcto. Reclino la cabeza y gruñe ahora en mi oído, mordisqueando mientras el suave lóbulo encendido. Más fuerte. Veloces latidos. Sangre derrapando. Estrangulados gemidos. Grito. ¡Grito! Descargo en su palma y me sorprendo al ver que relame esos dedos con los ojos cerrados. El ascensor abre sus puertas y, sin un adiós, me despido...

sábado, 13 de abril de 2013

El clic.

Su marido esperaba en el puerto de Atenas para disfrutar una travesía en velero por las islas acompañados de una docena de amigos comunes. Un excelente regalo para recuperarse de la operación que había sufrido recientemente.

El viaje en el autobús resultaba pesado, un apuesto joven que viajaba a su lado le ofreció amablemente una revista para hacerlo más ameno.

A Claudia le sorprendió sentirse identificada con la mujer de aquel tebeo, se trataba de un comic titulado "El Clic". No pudo evitar excitarse leyendo la aventuras eróticas de aquella historieta. Cerró los ojos imaginando ser la protagonista, abriendo levemente las piernas al sentir el deseo fluir en su vientre. 

Al llegar, devolvió el comic al hermoso joven totalmente ruborizada. Mayor fue la sorpresa al descubrir que viajaba en el mismo velero que contrató su marido.

Tomaba el sol en cubierta, contemplada a escondidas por el misterioso joven, cuando sintió aquel intenso cosquilleo recorrer el interior de su cabeza...

¡¡¡CLIC!!!

viernes, 12 de abril de 2013

Concupiscencia.

Se conocen de toda la vida. Jamás ha habido nada entre los dos. Salvo esa sensación eléctrica...

No puede ser, perderían demasiado, sus mundos acabarían dañados.

Pero cada vez que se ven, sólo durante el tiempo que dura una mirada, pasa por sus mentes la fugaz idea...

¿Cómo sería?

En realidad, lo saben. Lo han fantaseado demasiadas veces. En todas las situaciones, en todas las posturas, con todas las palabras, las miradas y los silencios.

En todos los demás aspectos, casi ni se entienden. No se trata de romanticismo... es sólo sexo. Atracción irracional. Química. Deseo.

Separados por demasiados kilómetros, cada uno en su cuarto, a su manera, dedica al otro su pasión. Su lubricidad y sus jadeos.

Él ha imaginado tantas veces su cuerpo y sus reacciones que sabe de sobra cómo actuar. Acompasa las imágenes con los vaivenes de sus caderas, cómo sabe que a ella le gustaría, sabe que esa es la manera, sabe que esa sonrisa lasciva que mantiene durante todo el proceso es exactamente lo que ella quiere de él...

Ella, torbellino, imagina las palabras exactas que le susurraría con mirada impertinente, restregándose entera contra las sábanas. Sabe que no es lo que le haga, si no lo que le diga mientras se lo haga..

Y así, pasan los años.

Mejor seguir así, la realidad podría ser decepcionantemente.. real.

 

miércoles, 10 de abril de 2013

Sandra.

Sandra salió de la ducha y sin apartar sus ojos de la imagen de su cuerpo desnudo reflejada en el espejo, expuso su larga y negra melena al flujo de aire caliente procedente del pequeño secador de viaje que sujetaba con su mano izquierda, mientras en su mano derecha un peine de elaboración muy delicada, especial para el pelo largo, separaba sus cabellos color azabache.

Su cuerpo reaccionó con una sensación de calor muy agradable cuando sintió que algunos mechones, oscilando ingrávidos, acariciaban sus pechos al compás de las ráfagas de aire. Recogió la bata de seda azul celeste y con movimientos delicados la deslizó sobre sus hombros, deleitándose con su tacto suave y fresco.

Se encaminó hacia el dormitorio y reguló la polícroma lámpara, consiguiendo una atmosfera de tonos fucsis. Abrió la ventana y dejó que el sonido de la calle inundara la habitación. Le gustaba oír a los hombres charlando de sus cosas en la puerta del bar que había bajo su apartamento.

Tumbada en la cama se abandonó a los sentidos y estos la inundaron sintiendo la suavidad de la seda y las voces masculinas que penetraban en su mente mientras se mezclaban con la imagen de labios sensuales que pinchaban al besarlos. Su excitación la sentía como oleadas de calor que la hacían arder de placer. Acarició sus pezones y deslizó la mano rozándose tímidamente el sexo que deseaba ser tocado.

Sin pausa comenzó a sentir que todo se agolpaba y pensó en los hombres de voces varoniles, mientras con movimientos de contracción descargó andanadas de semen sobre la bata de seda azul celeste, quedando relajada mientras el espeso y translucido liquido resbalaba entre sus dedos. 

 

Foto y relato dedicado a uno de mis seguidores, "Santiago" tú ya sabes de qué va...
Espero que te haya gustado.
Un besito. 

lunes, 8 de abril de 2013

Dulces cadenas.

Abro los ojos. Las cadenas siguen en su sitio, ancladas al techo, apretando, doliendo. Sigo llevando sólo una falda deshilachada que deja a la vista mis nalgas y mi sexo y una camiseta blanca de tirantes, tan escotada, que el más leve vaivén libera mis senos.

Estudio la estancia. Es la caja de un gran camión. Diáfana. Blanca. Sucia.

Se abre la puerta. Esta vez son 3. Ropa de trabajo, barbas y sudor. Igual que los anteriores.

Se pasan la mano por la cara, sonríen de medio lado, disfrutan con la anticipación... Mis ojos asustados los excitan aún más. Se acercan, me rodean. Me agarran. No media ninguna palabra, tienen un cometido y lo que yo pueda decirles no va a importarles.

No sé de quién es cada mano. Una en mis pechos, estrujándolos, pellizcándolos. Otra en mi sexo hace el ancestral vaivén invasor. La última tarda un poco más, pero lo hace con una contundente palmada en mis nalgas. Risas cómplices.

Aflojan un poco mis cadenas, para que la tarea les resulte más cómoda. Sigo atada, pero ahora estoy tumbada boca arriba, sobre uno de ellos. Otro se tumba sobre mí y como en una coreografía sórdidamente orquestada, me penetran a un tiempo. Acompasan sus movimientos, cada uno en su gruta, deslizándose. Si se sorprenden por no encontrar resistencia, no lo dejan ver. Pensarán que están de suerte... El que hasta el momento observaba, no lo resiste más y encuentra su propio espacio. Con una mano aprieta mi mandíbula y con la otra se ayuda para introducirse, con cuidado de evitar mis dientes. Y jadea.

Es el momento. Comienzo a moverme, primero despscio, más rápido cada vez. Saboreo, jadeo, arqueo la espalda, con cuidado de que no se salga. Los acompaño, los acompaso, los comprimo y los succiono... no se sabe quién folla a quién. Su desconcierto precipita su culminación. Los saco de mí. Me empapan con su viscosidad.

Recomponen sus ropas. Me dejan ahí tirada, no se atreven a mirarme. Cierran la puerta al salir.

Me pongo en pie. Me quito las cadenas. Voy a un rincón y cojo mi bolso. Me aseo, me pongo ropa limpia.

Se vuelve a abrir la puerta. Es el dueño del camión. Le doy un abultado sobre que coge con mirada escéptica. Como siempre. "Todo en orden" le digo. Y me voy de allí, sabiendo que pronto querré volver.

domingo, 7 de abril de 2013

Las miradas.

La primera vez que vio sintió que el mundo se paraba al percibir sus párpados como si fueran de terciopelo puro.

La siguiente ocasión tuvo la impresión de que su corazón se había detenido en un latido cuando se dio cuenta de que sus labios eran como pétalos de rosa.

En el tercer encuentro quiso zambullirse en el huequito entre las clavículas que marca la diferencia entre el cuello y el escote.

A la cuarta su frente se llenó de sudor cuando comprobó que sus hombros parecían de seda y que cualquier lágrima o cualquier gota de sudor se podría deslizar por ellos infinitamente.

La quinta vez dijo para sí mismo, que se pare el mundo ahora mismo, yo quiero sentir la turgencia y el peso de esos senos.

La sexta mirada fue para el ombligo y el pensó que quería convertirse en ese momento en una minúscula pelusilla para ser acogido en esa cuna.

La séptima ocasión percibió con el rabillo del ojo el espacio divino del hueso de la cadena hacia el pubis y entonces pensó que ya podía morirse.

A la octava reparó en la zona posterior de la rodillas y quiso ser pluma para acariciar y ser tenuemente acariciado por esa sedosa piel.

En la novena ocasión soñó ser arena de playa para sentir sus pisadas dejando un rastro sobre su piel.

Y a la décima mirada sólo la miró a los ojos y dijo, por fin te he encontrado, eres tú, eres mi amor. Llévame a tus sueños y déjame acunarte en mis caricias. 

Leche.

Oculta tras los arbustos, días atrás descubrió que, del pene de un macho, brotaba leche. Le había observado atentamente. Se había sacudido el miembro con fuerza. Con violencia, incluido. No llegó a entender por qué aquel hombre hacía lo que hacía. Pero sí pudo, con total claridad, contemplar cómo, del miembro, le manaba leche.

Y ésa era la imagen que ahora no podía quitarme de la cabeza, sabiendo que aquel macho dormía al otro lado de la cueva. Sus tripas rugían y rugían. Tenía hambre. Hacía ya tiempo que no conseguía comer otra cosa sino raíces.

Así que se acercó a él, temerosa y hambrienta. Se movía con sigilo, a cuatro patas, no quería despertar al resto del clan. Introdujo rápidamente la cabeza bajo las pieles que cubrían ese cuerpo que ahora podía sentir tal como era, musculado, recio, duro.

Él no se asustó. Había reconocido su olor. Sabía de quién se trataba, de la hembra más joven del grupo, también la más hermosa. Le gustaba lo que sentía. Ella le había agarrado el pene y lo agitaba con fuerza.

En cuestión de segundos, aquella frágil hembra de homo sapiens pudo sentir la fuerza vital entre sus manos, la electricidad recorriendo su propio cuerpo y el del macho. No tardó en tenerlo en su boca. Tampoco tardó en saborear la leche. Esa leche era lo único que anhelaba, porque tenía hambre.

Y, sin embargo, aquella había sido la primera felación de la historia de la humanidad. Aunque eso, ella, no podía saberlo. Sólo sabía que, lo que acababa de ocurrir, le había gustado. También a él.

Especialmente a él.....

sábado, 6 de abril de 2013

Tras la puerta.

Cerré la puerta y sin haber dejado caer las llaves en la mesa, me agarró por la espalda con fuerza el brazo y me empujó al respaldo del sofá. Sabía que era él aunque no estaba acostumbrado a tales desmanes. Apoyé mis manos. Notaba la presión an mi espalda y el recorrer lo largo dw sus brazos contra los míos. Mi espalda se convirtió en una autopista para su lengua que la recorría sin detenerse y sus manos ya palpaban cerca de los genitales. Le tapé los ojos con mi boca dando besos. Tampoco hablé. Estaba dejando la imaginación divagar: Grandes, pequeños, rojos y naranjas, estridentes o armónicos y seductores, suntuosos siempre, insípidos... o no. De todas formas y para todas las partes. De cualquier manera: íntima, lasciva, tántrica, sexual de todos modos. Se me doblaban las rodillas. Quería todas. Sentirle dentro de mí, detrás mía; Quería abrazarle mientras sus labios recorriesen el interior de mis muslos; Quería chuparle a la vez que me penetraba y escuchar los gemidos reprimidos a dos centímetros de mi oreja, quejidos que explotaban en mi cabeza y me hacían expulsar todo lo que tenía. Quería tener seis de él dediándose a mí....

Chicos os invito a visitar mi pestañita "TE LAS VENDO" del blog allí encontrareis mi ropita mas intima, para vosotros...

viernes, 5 de abril de 2013

Sexo virtual.

La semana había sido agotadora y la pareja necesitaba relajarse. Así pues decidieron tener una sesión de sexo virtual que comenzaría con una buena cena elaborada con platos preparados en la tienda online y seguiría con las súper gafas de la última tecnología digital que se complementaba con aparatos conectados al sistema, que respondían en tiempo real, produciendo los estímulos en las zonas erógenas controladas por el programa. Equipados con camisetas y bragueros provistos de diversos sensores, según las opciones activadas en la interfase. Se entregaron a una fantasía virtual en la cual se veían ambos en un ambiente liberal y sus cuerpos se estremecían con los roces y los ruidos de suspiros y todo tipo de estímulos procedentes de otros personajes virtuales que entregados al placer, subían el tono del ambiente cargándolo de morbo. Miradas de reojo hacia las parejas virtuales excitaban más la libido de ambos, acrecentando el deseo de la pareja por unir sus cuerpos para hacer realidad sus fantasías más íntimas, experimentando una desinhibición que aumentaba su excitación.

Él, sintiéndose invadido por el deseo incontrolable, le dio la vuelta en el lecho virtual y con un fuerte tirón le arrancó el tanga dorado, dejando visible su cuidado sexo que en la imagen aparecía con más voluptuosidad. Introdujo dos dedos en la boca de la mujer, mientras ella se los humedecía con gesto sexy  deleitándose con el juego, consciente de cuál sería el siguiente paso. Abriendo sus piernas y ofreciendo con deseo su ardiente intimidad, ansiosa por sentir el húmedo contacto, se abandonó al placer y con una mano comenzó a estimular el sexo del varón que al borde del clímax la cogió por el pelo y con un movimiento descendiente la obligó a inclinar la cabeza hasta rozar con los carnosos labios rojos el vigoroso pene erecto y en ese momento cuando todo culminaba ¡¡Zaaas!! Pantallazo azul y error del sistema...
¡¡¡Doc falló windows!!!

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miércoles, 3 de abril de 2013

Blancanieves.

Sabio se acuesta a mi lado despertándome con suaves caricias y tiernos besos. Mocoso despierta al resto y se une lamiendo goloso mis caderas. Tímido prefiere la luz apagada. Protegidas por la oscuridad, sus manos recorren sin pudor mi desnudez. A intervalos, siento el cálido roce de la palma abierta de su mano recorriendo en círculos la cumbre de mis pezones. Mudito las mata callando, sin duda es el que más me hace gozar cuando me invade una y otra vez su firme y premanente erección. Dormilón disfruta sus sueños eróticos abrazando mi muslo a rítmicos golpes de pelvis. Escucho a Grunón protestar por falta de sitio, deseosa de probar su enfado, le ofrezco ptra vía colocándome de rodillas, mis hirientes gemidos parecen aumentar la furia de sus acometidas. Bonachón parecía conformarse admirando el placer de sus hermanos, pero plantándose frente a mi boca me invita a saborearle...

Mientras fumamos satisfechos pienso una vez más: "¿Quién necesita un príncipe azul?"

Te deseo.

Un solo gesto. Aquella sensual manera de agacharse y redefinir sus curvas ante una mirada, la mía, que se sintió virgen y ruborizada ante su cuerpo. No vi nada, pero adiviné todo. El erotismo más sutil y la elegancia más morbosa. El deseo exaltado sin la intención de conseguirlo y la imaginación desatada sin quitar un solo nudo. Sin conocer su nombre, su edad... Ni siquiera el color de sus ojos, nada de eso era necesario para que mi cuerpo deseara conocer el suyo. Me acerqué, no tenía opción. Su boca era sugerencia, su mirada invitación, su sonrisa la promesa de un placer ansiado, prohibido pero cercano, al alcance pero imposible. Un sueño. Su voz provocó que todas esas sensaciones se multiplicaran, cada una de sus palabras suponía un grado más de excitación. Ahora, veinte años después de casarnos, sigo experimentando el mismo júbilo, te deseo...



martes, 2 de abril de 2013

En la cola del cine.

¿Cuándo vas a dejar de provocarme? Sabes muy bien lo que haces, te gusta jugar a ser mala y a mí fingir que soy bueno. 

Deja ya de moverte, porque seré un chico malo. 

Te abriré la camisa y tus pechos brincarán para darme la bienvenida. Ya verás cuanto te gusta, atraparé al vuelo ese par de pezones dulces y duros como caramelos de fresa. 

Te sobrará la ropa cuando sientas que mi lengua te quema, desde la cintura hasta el cuello, desde el hombro hasta tu ingle. Y bajaré más y más, quiero que supliques para que siga la danza, endureciéndote, humedeciéndote, haciendo palpitar tu oscura humedad. 

Te haré sufrir con lentas pinceladas y cuando no lo esperes, de un solo golpe rápido y certero me tendrás a tu merced. Aprieta con fuerza y hazme gritar. 

Fingiré que quiero escapar y tú, posesiva, me atraerás hacia ti. No temas, soy presa fácil; Te dejaré ganar....

lunes, 1 de abril de 2013

Inocente caramelo.

No pares ahora, no pares. Déjame disfrutar, abandonado sobre tu sofá como un crucificado, y déjame ver como atrapas mi glande entre tus labios, niña golosa. Disfruta de mí dentro y fuera de tu boca, como cada domingo cuando juegas con la aceituna de tu Martini. Déjame cerrar los ojos. Mientras oigo chasquidos de celofán, déjame alargar el placer de la curiosidad insatisfecha. Y oler la menta, menta salvaje y picante. No te apartes ahora. Sin mirar, sin tocar, quiero adivinar por qué tanto entrechocar de dientes. Qué chupas, escandalosa, mientras araño el frío cuero del sofá. Y ahora un helor que quema desde tu boca. Lo siento arder y tiemblo. Dame tu lengua y hazla danzar en círculo. Golpea tu caramelo contra el mío. Como a ti te gusta. "Menta y eucalipto, pican tanto que hacen llorar", me dices. Pues no llores, que yo sonrío....